¿Sabías que Vikingos, la exitosa serie de History Channel, se rueda en Irlanda? Aunque pueda parecer raro, tenemos mucha historia en común con los vikingos, así que vamos a descubrir más sobre el pasado vikingo de Irlanda.
1. Las torres redondas en la Irlanda vikinga
Desde Glendalough hasta Monasterboice, Irlanda tiene cientos de estas imponentes torres. Cuando los vikingos empezaron sus incursiones en Irlanda, encontraron un blanco fácil en los primeros asentamientos católicos, sobre todo a lo largo de la costa y en las islas. Uno de los primeros ataques vikingos fue en la isla de Lambay, frente a la costa de lo que hoy es Dublín. En aquella época, Irlanda no tenía un único gobernante, sino que estaba formada por distintos clanes y reinos, así que no hubo una respuesta unificada frente a los ataques vikingos. En su lugar, cada monasterio tuvo que defenderse por su cuenta, y como los monjes no destacaban precisamente por sus dotes de lucha, decidieron construir estas altas torres redondas con la puerta muy por encima del suelo, donde esconderse cuando llegaban los vikingos. Allí se refugiaban con sus libros y otros tesoros, como cálices bañados en oro. A veces los vikingos intentaban ahumar a los monjes para hacerlos salir, pero el hecho de que tantas de estas torres sigan en pie hoy en día demuestra lo bien construidas que estaban.
2. Las ciudades de la Irlanda vikinga
Al principio, a los vikingos solo les interesaba atacar y luego huir de vuelta a Escandinavia, pero el viaje de regreso era duro y lento. Los grupos de asaltantes se convirtieron en conquistadores temporales cuando decidieron instalarse durante los meses de invierno y esperar a que el mar se calmara en verano. Buscaban puertos naturales donde los ríos desembocaban en el mar, y el más famoso fue donde el río Liffey se encuentra con el mar de Irlanda: allí los vikingos descubrieron una gran ensenada de aguas increíblemente oscuras. Esta zona se conocía como “Dubh Linn”, que significa Estanque Negro, y ahí fue donde levantaron una muralla defensiva. Los vikingos llamaron a esta zona Dyflinn, nombre que acabó convirtiéndose en el “Dublín” que usamos hoy. Otras ciudades vikingas son Wexford, Waterford, Limerick y Cork, que hoy en día siguen siendo algunas de las ciudades más grandes de Irlanda. Si quieres visitar el emplazamiento original de Dubh Linn, puedes entrar al Castillo de Dublín y ver los Jardines de Dubh Linn, construidos sobre lo que antiguamente fue el Estanque Negro.
3. Nombres vikingo-irlandeses
A los vikingos no les iban mucho los apellidos: de hecho, no los usaban en absoluto. Debía de ser una pesadilla para el cartero de la época. En Irlanda, sin embargo, los apellidos eran muy importantes, y eso todavía se nota hoy en día: si alguien se llama “O’Reilly”, significa “de los Reilly” o “Mac/McMahon”, que significa “hijo de McMahon”. Cuando los vikingos llegaron a Irlanda, los irlandeses los llamaban Dubhgaill (extranjero oscuro) o Finngaill (extranjero claro), y se cree que los vikingos adoptaron estos términos como nombres propios. Los apellidos irlandeses Doyle y McDowell podrían venir de vikingos a los que los irlandeses llamaban Dubhgaill, y hay una región de Dublín conocida como Fingal, que podría indicar la zona controlada por los vikingos Finngaill. Algunos nombres también podrían venir de la adopción vikinga de costumbres irlandesas: MacAuliffe podría venir de “hijo de Olaf”, y MacManus, de “hijo de Magnus”.
4. La batalla de Clontarf derrotó a los vikingos: más o menos.
Cuando los vikingos llegaron a Irlanda, la sociedad estaba bastante fragmentada. Los reyes iban y venían, y las alianzas se formaban solo para romperse después. Era básicamente una versión a pequeña escala de Juego de Tronos, con los Uí Néill del Ulster haciendo de Lannister, ya que la mayoría de los reyes los reconocía como Reyes de Tara y, por tanto, de Irlanda. Todo cambió cuando Brian Boru, que venía de una familia pequeña y poco relevante de Munster, lideró una rebelión contra los Uí Néill y se convirtió en el Gran Rey de Irlanda. Esto llevó a que Brian Boru derrotara a las principales fuerzas vikingas en Clontarf, a las afueras de Dublín, poniendo fin a la era vikinga en Irlanda. Para entonces, los vikingos llevaban tanto tiempo en Irlanda que los que se quedaron acabaron formando parte de la sociedad irlandesa.
5. El renacimiento vikingo-gaélico
Aunque Brian Boru derrotó a los vikingos en la batalla de Clontarf, lo mataron mientras rezaba en su tienda, lo que dejó a Irlanda sin Gran Rey y casi de vuelta al punto de partida. Esto acabó llevando a la invasión normanda y, con el tiempo, al dominio británico. A los normandos no les interesaba mucho el arte, y su llegada sumió a Irlanda en un vacío cultural. Irlanda vivió una época de renacimiento cultural a finales del siglo XIX, y en el arte “gaélico” que resurgió entonces resulta interesante ver varias influencias vikingas. El nudo celta empezó a incluir animales mágicos como dragones, además de piedras preciosas y materiales que los comerciantes vikingos habían traído a Irlanda. Todo esto demuestra que la cultura vikinga en Irlanda había llegado a confundirse casi por completo con la cultura gaélica, del mismo modo que los irlandeses se mezclaron tanto con los vikingos que acabaron siendo un solo pueblo. Así que, si eres irlandés o tienes raíces irlandesas, es posible que tengas algo de vikingo en ti.
Hay mucho de la Irlanda vikinga por descubrir en todo el país. No te pierdas esta parte tan importante de la historia de Irlanda: apúntate a nuestra excursión de un día a Glendalough y el condado de Wicklow, donde verás algunas de las localizaciones de rodaje de Vikingos, además de una auténtica torre redonda y un asentamiento monástico de la época. Es una visita que no te puedes perder en tus vacaciones en Irlanda. Reserva tu plaza hoy mismo.





